LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONALIDAD Y SU RELACIÓN CON EL EJE TRANSVERSAL F.I.C.
(LECTURA REFERENCIAL)
MADRE CLARA ALVARES DEL CORAZÓN DE MARÍA (1860-1924)
María
Josefa Camila del Carmen Álvarez Zalas (en religión Sor Clara del Corazón de María) nació en Lima
el 14 de julio de 1860, Hija de Don
Francisco Álvarez, español y de Doña Mercedes Zalas Velásquez, peruana. La
familia de Carmen vivía cerca de la Parroquia de Santa Ana, allí la bautizaron
el mismo día de su nacimiento con el nombre de María Josefa Camila del Carmen.
La "Niña Carmencita", como la llamaron los que la conocieron, pasó su
infancia en la casa familiar de los Barrios Altos de Lima, cerca de la Iglesia
de Santa Clara a donde solía acudir con su Madre. Tuvo dos hermanos de madre;
José Martin y María Paula.
Carmen
estudió en la escuela Municipal N° 4 "Santa Rosa de Lima". Presenta
en junio de 1881 una solicitud en la que pide a las autoridades pertinentes de
la Municipalidad de Lima, una plaza vacante para la Dirección de una Escuela
Municipal del Callao.
Ayudaba al
Párroco de San Sebastián en el Catecismo de los niños pobres. Visitaba a la
Hijas de la Caridad, donde conoció a la Madre Felicitas Rossi (quien más tarde
pasaría a la nueva congregación) donde también recibió la Insignia de Hija de
María. Mostraba su esmerada educación a través de su trato afable y sus modales
distinguidos; alcanzó a tierna edad una vasta cultura general. En su vida
interior manifestaba una sólida piedad, inclinación a la oración, a la
penitencia y a una intensa vida eucarística, obteniendo de su confesor el
permiso para comulgar diariamente.
Dificultades
de orden económico impidieron que ella consiguiera la dote necesaria para poder
ingresar al monasterio de Santa Clara. A través de su confesor el Padre Miguel
Ferriol, conoció al Padre Alfonso María de la Cruz Sardinas. Conocida la
promesa hecha a la Inmaculada, con todas las dificultades que implicaban, se
puso a disposición del Padre Alfonso (en compañía de su amiga Rebeca Valdivia)
para juntos fundar la Congregación de Religiosas Franciscanas de la Inmaculada
Concepción y el Colegio de la Inmaculada Concepción. Viendo la crisis moral y
económica que agobiaba el país, mas sentida en la capital, a causa de la
invasión chilena, a causa de la reciente “Guerra del Pacifico”, habían
concebido el proyecto de fundar la una
congregación con el nombre y honor de la Inmaculada concepción, la cual, además
de la santificación de sus miembros se dedicase a la educación de niñas pobres.
Meses después de haber dado inicio a la Congregación – 6 de diciembre del 1883
– abrieron el Colegio de la Inmaculada Concepción – 18 de enero de 1884. El 24
de agosto de 1884, Carmen ingresa al noviciado con el nombre de Sor Clara del
Corazón de María. El anhelo más profundo de Clara era ser franciscana, después
de numerosas dificultades se le concede el permiso para usar el hábito talar de
penitencia en 1885. El 17 de setiembre de 1885, hizo su profesión simple y el 8
de setiembre de 1898 su profesión perpetua.
Desde el
inicio del Colegio de la Inmaculada Concepción ella se desempeñó como
Directora. Coincidentemente con la muerte de Monseñor Alfonso María de la Cruz
Sardinas Zavala en Huánuco, en sus Memorias, ellas expresa la gran necesidad de
"Educar como conviene a la mujer", porque "La sociedad es lo que
la mujer es" y cuánto sea importante la religión en la educación lo resume
en la frase "Sin la Religión no se concibe ni moral ni virtud".
En 1910
participa activamente en el Primer Capítulo General de la congregación. Los
cargos que desempeño en orden cronológico fueron: directora y discreta, primera
y segunda consejera general, y, finalmente Vicaria General; se desempeñó
también como maestra de novicias por el espacio temporal de ocho años. Es importante mencionar su espíritu de
mortificación y penitencia, su exquisita caridad fraterna y su humildad, la
observancia de los votos, su espíritu de trabajo y su vida virtuosa. Sin
embargo nunca fue elegida Superiora General, el motivo dice Madre Margarita:
"Como era tan austera el Padre Fundador tuvo temor de que las demás Hermanas
no pudiendo resistir su severidad se desanimasen y designó a la Madre Margarita
Daly, persona de carácter suave y de mucha experiencia, aunque muy nueva en el
Instituto. La Madre Fundadora le rindió obediencia y se sometió gustosa,
cumpliéndose en ella las palabras de Nuestro Padre S. Francisco, que decía
estaba pronto a obedecer lo mismo al último novicio, si se lo daban por
Guardián que al religioso más sabio y de edad más provecta".
Se preocupaba
de todas las religiosas con solicitud más que maternal, pues era ella, la Madre
y Fundadora de este nuevo ideal de vida cuyo objetivo fue y es: la gloria de
Dios y la santificación de las almas a través de la educación. Trabajó sin
descanso, motivo por el cual su salud fue resquebrajándose poco a poco,
sufriendo de violentos cólicos hepáticos, el medico aconsejaba una operación
pero su amor a la pobreza y su modestia no permitieron que la operación se
llevara a cabo; cuando recibió la orden de la madre General, aceptó;
lamentablemente el cáncer se había generalizado, suturaron la herida y la
dejaron en las manos de Dios. Al tomar conciencia ella pidió la administración
de los últimos sacramentos y recomendó a las Hermanas que tratasen de conservar
el Colegio de la Inmaculada Concepción en
memoria
del Padre Fundador. Termina así sus días
entregados a Dios y al prójimo el 25 de febrero de 1924.
La Madre
Margarita, resume su vida con estas Palabras: "en todo no buscó sino la
gloria de Dios, no trabajó sino por la Iglesia y por las almas, rindiendo el
tributo de su vida en aras de su amor a la Congregación de quien Dios la hizo
FUNDADORA".
Madre Clara siempre se caracterizó por su
caridad a los niños pobres, exigencia, sacrificio de espíritu por lo que
pedimos en oración su próxima beatificación.
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